Viene esto a cuento de que durante todo el día de hoy me he cansado de escuchar y leer que la Policía va a volver a buscar el cadáver de Marta del Castillo en el río Guadalquivir. Nada hay más lejos y más incierto.
Me explico: Sevilla tiene, por así decirlo, dos ríos, el de verdad, el que nace en la sierra jiennense de Cazorla y llega al mar con todo su caudal, y el que se "reconstruyó" para la Expo 92 aprovechando el antiguo cauce desecado de aquel Guadalquivir que inundaba Sevilla cada vez que le daba la gana. Ese río, el de las coplas y las poesías, no existe. En su lugar hay una dársena, regulada por una esclusa, a la que se asoma la ciudad, un fondo de saco que muere en la zona de San Jerónimo, a pocos metros del lugar donde la ingeniería humana desvió el verdadero río para que no causara más destrozos en la ciudad con sus avenidas.
Ese "río", el falso, se convierte en una lámina de agua, muy turbia, desde el puerto a San Jerónimo, en la zona "maquillada" para dar realce a la magna muestra universal. Ese es el río que los turistas ven y al que creen vivito y coleando. Una gran mentira. Muy estética, pero mentira.
Y ahí es a lo que voy. Miguel Carcaño dijo en su primera declaración que arrojó el cuerpo de Marta al río "vivo", el que tiene corriente y el mismo que por aquellos días bajaba sobrado de caudal porque los pantanos tuvieron que desembalsar a causa de las lluvias, lo que convertía sus aguas en más violentas de lo habitual, capaces de arrastrar todo cuando cogieran a su paso. En ese fue en el río en el que se puso todo el empeño en buscar el cuerpo de Marta, no en la dársena. Es ahora cuando se va a buscar en la dársena, cercana y accesible; tanto como que cada vez que se ha dragado ha vomitado todo tipo de objetos, mayores y menores, desde pruebas de un delito a lavadoras a bicicletas.
Que la dársena está mucho más cerca y hubiera permitido arrojar allí un cuerpo, desde luego. Otra cosa es dónde y desde donde, si es que se da por bueno, como algunas informaciones ya dicen, que a Carcaño lo vieron con una silla de ruedas y algo rígido encima, justo lo mismo que se dijo cuando se inventó la historia del contenedor de basuras.
Sea como fuere, la desinformación seguirá amenazando el "caso de Marta del Castillo" y habrá voces que no se cansen de decir que "se vuelve" a buscar en el río, quizá en un intento de desacreditar la labor desarrollada en su día por decenas de profesionales que primero en el río y luego cubiertos de basura en un vertedero, buscaron a Marta sin poder dar con ella.